Juegos de Dominación Femenina · Cap. 4 de 33 · 10 min · Solo miembros
El Hombre Escondido
Enjaulado y oculto, el esclavo debe permanecer invisible mientras la Mistress charla con su invitada.
El Hombre Escondido
Yo, como Mistress, suelo ser muy meticulosa con la cerradura del armario de la sala de juegos donde guardo mis cosas especiales. Pero salí con tanta prisa que se me olvidó cerrar con llave, lo que propició su día de suerte. Cuando regresé antes de lo que él esperaba y lo pillé in fraganti, esto es lo que me relató arrodillado ante mí, desnudo y con la cabeza gacha.
En cuanto estuvo seguro de que me había ido, entró de puntillas a la sala de juegos. Su mente apenas registró un objeto largo y bajo cubierto por una tela de terciopelo negro, tan concentrado estaba en el contenido del armario tan tentador. Su mano tembló cuando alcanzó el pomo de la puerta. La abrió despacio, saboreando cada segundo, con las aletas de la nariz dilatadas para absorber el olor a látex y zapatos que emanaba del interior. Luego, en un arranque de euforia por entrar en la zona prohibida, la empujó tan fuerte que se estrelló contra la pared.