Cómo pasamos de fantasearlo en la cama a hacerlo de verdad
Entre decirlo en susurros y vivirlo pasaron dos años. Mereció la espera.
Entre decirlo en susurros y vivirlo pasaron dos años. Mereció la espera.
Esperábamos celos. No esperábamos hablar más que en años.
El primero fue un cúmulo de errores. Por suerte, no nos rendimos.
Sin reglas, los celos ganan. Con ellas, el juego se sostiene.