Lo que de verdad me excita es la espera, no el final
Tardé años en entenderlo: el deseo vive en la espera, no en el desenlace.
Tardé años en entenderlo: el deseo vive en la espera, no en el desenlace.
La tengo clarísima en la cabeza. En voz alta, todavía no me sale.
Una pequeña llave de acero decidía, cada día, hasta dónde podía llegar él.
El día que solté el control no perdí libertad: encontré una calma que no esperaba.
Dos meses sin tocarme, la llave en su cuello y ella decidiendo cuándo termina mi espera.