"Cornudo consentido" suena, a primera oída, como una contradicción: "cornudo" lleva siglos significando "engañado a sus espaldas", y de repente aparece pegado a la palabra que debería anularlo del todo. No es un despiste del lenguaje. Es exactamente esa palabra —consentido— la que cambia el significado entero de la primera, y entenderlo bien es la mejor respuesta a la pregunta.
Qué significa "consentido" aquí
Consentido no quiere decir "resignado", ni "que lo acepta porque no le queda otra", ni "que hace la vista gorda". Significa que los dos miembros de la pareja saben lo que está pasando, lo han hablado de antemano y siguen de acuerdo mientras ocurre. No hay ningún momento de la historia en el que uno de los dos se entera después de los hechos: el conocimiento y el acuerdo son previos, no una explicación a posteriori. Esa secuencia —hablarlo antes, no justificarlo después— es lo único que de verdad separa "cornudo consentido" de "cornudo" a secas.
La frontera exacta con la infidelidad
Aquí está la diferencia que de verdad importa, y conviene decirla sin adornos: la infidelidad es un acto oculto que rompe un acuerdo previo (explícito o implícito) de exclusividad. El cornudismo consentido es un acuerdo nuevo que sustituye ese pacto de exclusividad por otro, negociado entre los dos. El acto en sí —tu pareja con otra persona— puede ser idéntico en ambos casos. Lo que cambia por completo es todo lo que lo rodea: si hubo conversación antes, si hay honestidad durante, y si los dos podríais nombrar, hoy mismo, qué se acordó exactamente. Si la respuesta a esas tres preguntas es sí, no es infidelidad, por mucho que se le parezca desde fuera.
No es el acto lo que define esto. Es que los dos podríais explicar, hoy, qué se acordó.