Elegir esto, hablarlo, incluso disfrutarlo, no te vacuna contra los celos. Es una de las expectativas más extendidas y menos realistas del cornudismo: que si de verdad lo deseas, los celos deberían desaparecer. No desaparecen, y no hace falta que lo hagan.
Elegir esto no te vacuna contra los celos
Los celos no son un fallo de la fantasía ni una prueba de que "en el fondo no estás preparado". Son una emoción humana con su propio mecanismo, y ese mecanismo no se apaga porque hayas decidido, con la cabeza, que quieres esto. Puedes desear profundamente algo y sentir una punzada de celos en medio de ello, en el mismo minuto, sin que las dos cosas se contradigan. Medir tu preparación por si sientes celos o no es medir con la vara equivocada.
Celos que son parte del juego
Hay una versión de los celos que aparece, pasa, y no dice nada grave sobre la relación ni sobre la decisión de haber elegido esto. Es la punzada breve al ver algo que no esperabas, la necesidad puntual de un abrazo o una palabra después de un encuentro, la comparación pasajera que se te cruza por la cabeza y se va sola en cuanto la nombras en voz alta. Este tipo de celos convive con el disfrute real: no lo cancela, solo lo acompaña un rato.
Celos que son una señal de alarma
Hay otra versión distinta, y merece tratarse de otra manera: el resentimiento que no baja con el tiempo sino que crece, la sensación repetida de sentirte invisible o prescindible, guardarte "esto ya no me gusta" por miedo a decepcionar, o usar el propio cornudismo para castigar a la pareja o ganar una discusión antigua. Esta versión no se resuelve con más tiempo ni con más encuentros: se resuelve hablándolo, y a veces, parando.