Cornudo por sorpresa
por @Cornudo novato0
Lo hablábamos mucho en la cama, siempre de broma, siempre "algún día".
Lo hablábamos mucho en la cama, siempre de broma, siempre "algún día". Hasta que un sábado reservé mesa en un club liberal sin decírselo hasta el último momento, y de repente el algún día era esa noche.
Entramos muertos de vergüenza, para qué os voy a engañar. Una copa en la barra sin saber ni dónde meternos, mirándolo todo de reojo. Ella estaba nerviosa pero súper sexy, y yo no le quitaba ojo. En un momento la cogí de la mano y le solté medio en broma de entrar al cuarto oscuro.
Al principio solo mirábamos, pegados a la pared. Pero ahí dentro pasa una cosa rara, se te va la vergüenza de golpe. Empezamos a liarnos nosotros y noté cómo ella se soltaba, como si la oscuridad le diera permiso para todo. Unas manos que no eran las mías le rozaron la espalda y, en vez de apartarse, se dejó. Y ahí, cuando yo pensaba que me iban a dar los celos, se me encendió justo lo contrario. La miré y pensé "quiero ver hasta dónde llega esto". Se lo dije al oído. No dijo que no. Nos acercamos entonces a la zona de las rejas y pude sentir e intuir como la tocaban y yo cogí su cabeza y la agaché hasta que empezó a comerse una polla
Al rato, salimos a respirar con la tensión por las nubes, y en la barra estaba él. Un tío normal, tranquilo, de los que no van de sobrados. Nos pusimos a hablar los tres y yo veía cómo la miraba y cómo ella se reía de esa manera que le sale cuando alguien le gusta. En lugar de cortarlo, di un paso atrás. Literal, me aparté un poco y les dejé sitio.
Empezó a tontear con ella en la barra, sin prisa. Una mano en la cintura. Luego más abajo. Y yo ahí al lado, con mi copa, viendo cómo otro le metía mano a mi mujer delante de mí, teniéndome que sujetar para disimular lo puesto que estaba. Ella me buscaba con la mirada cada poco, como preguntándome "¿sigo?". Y yo le decía que sí con la cabeza.
Acabamos los tres en un reservado. No te voy a contar todo lo que pasó ahí dentro, pero sí lo que sentí: verla soltarse del todo, dejarse llevar con otro mientras me tenía a mí delante, fue lo más fuerte que hemos vivido juntos. Salimos del club liberal a las tantas, agarrados y sin hablar, sabiendo los dos que algo había cambiado para siempre.
Al día siguiente lo único que me dijo fue: repetimos?.
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