El maduro de la piscina 1
por @argentino2026Sissy Verificado ✓2
Habíamos planeado el viaje a Buenos Aires durante todo el semestre, queríamos estar ese fin de semana largo, asumía Alberto Fernández y había cierta excitación en el aire.
Habíamos planeado el viaje a Buenos Aires durante todo el semestre, queríamos estar ese fin de semana largo, asumía Alberto Fernández y había cierta excitación en el aire. Ademas era poder tener un tiempo solos, sin los niños. Y en mi cabeza siempre la idea de poder hacer realidad mi fantasía, verla coger con otro. Ya hacia un año había decidido compartir un sueño erótico donde estábamos en un intercambio de parejas, y a mi me había generado un montón de sensaciones nuevas, y extrañamente decidí decirle, esperando algún desplante, sin embargo me escucho y acepto mi deseo, aun no le había puesto nombre a eso. Pero como soy una persona curiosa pude descubrir que mi fantasía se llamaba culckold, o infidelidad consentida y no era tan raro, por suerte. Claudia se engancho, algo tímida primero, muy lujuriosa después, pero siempre poniendo el limite “una cosa es fantasear, y otra concretar”, sin embargo, buenos aires, la gran ciudad podía ser un lugar donde dar riendas sueltas a las locuras. Somos un matrimonio normal, ya casi 20 años de pareja, ya estamos en la mitad de los cuarenta y nos sentimos mucho mas libres. Claudia es un mujer hermosa, blanca morocha, la clásica morocha argentina, bien culona y sensual. Yo soy un afortunado de que me haya mirado y aceptado estar conmigo. Ese viaje lo pensé muchísimo. Elegí un buen hotel con piscina en la terraza, le compre un hermoso bikini amarillo que ponía en evidencia todo su encanto, espere la fecha indicada con ansia, mientras seguía alimentado el deseo y la fantasía cada vez que podía. Al fin llego el día, y la sorpresa del hotel fue lo hermosa que era la pileta y que estaba abierta todo el día… así que fue el primer lugar donde fuimos a pegarnos un chapuzon, y después salir a ciudad. Al volver, con el calor húmedo de buenos aires, Claudia me dice que apenas llegue se iba a la pileta, yo estaba un poco cansado, pero algo me despertó el morbo, y si se iba sola y se encontraba con alguien en la pileta, así que decidí no ir inmediatamente, y dejarla ir sola. La vi aprontarse, con ese bikini diminuto, tomar una bata y salir de la habitación. Mi cabeza volaba. Espere, casi desesperado unos 30 minutos, y salí hacia la terraza, a ver que pasaba. La pileta estaba iluminada difusamente, muy provocativa, y el acceso permitía ver a la pileta y que desde la pileta no te vean, ya que tenia como un recodo de acceso. Cuando llegue vi que Claudia charlaba con un señor, mayor, pero bien puesto, alto, canoso y con barba. Y se reía mucho, mi corazón empezó a latir con fuerza, no escucha lo que decían, pero vi como Claudia le toco el brazo derecho mientras reía. Me quede quieto, en silencio, aunque creía que podrían escuchar mi corazón latir tanto como mi sexo. Espere un rato mas mientras seguía la conversación, no sabia que hacer, “me voy, me quedo, me acerco”. Quede paralizado, ellos siguieron hablando, un rato mas, cuando ella le dijo algo, y empezó a salir de la pileta caminando hacia una camilla donde tenia la toalla.