A la pareja del baño: tengo sus bragas
por @AdrianMadrid0
Era un sábado de hace tres semanas, en una sala de Madrid que no voy a nombrar porque alguien os reconocería. Yo había salido solo, sin más plan que tomar algo y mirar a la gente. A medianoche los vi entrar. Él la llevaba pegada a la cintura. Ella, vestido negro corto, botas altas, esa actitud de sé exactamente lo que llevo puesto. Nos cruzamos la mirada un par de veces en la pista. Ninguna de las dos fue casual. Pedí una copa cerca de ellos y fue él quien se acercó. Al oído, sin rodeos: "a mi mujer le has gustado". Yo me reí — hay frases que parecen guion barato — pero ella me miraba por encima de su hombro con esa media sonrisa que ya lo dice todo. Hablamos los tres un par de minutos. Él llevaba la voz; ella respondía corto, sostenía la mirada. Y de repente él me propuso lo que ya os imagináis: que pasase al baño con ella, mientras él esperaba fuera. Solo para que se desahogue un poco, dijo. Tal cual. No voy a contar todo lo que pasó dentro — vosotros lo sabéis. Solo diré que se arrodilló como si lo hubiera hecho mil veces, que me tomó entero, y que cuando terminó me miró desde abajo y se limpió con el dorso de la mano sin perder ni un segundo la compostura. Antes de abrir la puerta se quitó las bragas, me las metió en el bolsillo del pantalón y me susurró "para que te acuerdes". Después se fue con su marido. Él me dio la mano, ella me dio un beso en la comisura, y se fueron sin más. Y ahí está el problema: no le pedí el teléfono. Ni el nombre. Nada. Me dejé llevar por la noche y dejé que se fueran. Llevo dos semanas con esas bragas guardadas en un cajón, mirándolas a veces como si fuera una broma de mi propia cabeza. Así que si esto lo lee alguien que se reconoce — vosotros, o alguien que estaba esa noche y os ubica — escribidme. Tengo algo que devolveros. Y, si os apetece, terminar lo que empezamos.
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